Dolor, orgullo y fiesta: Argentina despidió a su selección con un multitudinario abrazo en el Obelisco pese a la derrota en la final del Mundial
Un gol de Ferrán Torres en el alargue le dio a España su segunda estrella, pero la marea celeste y blanca no se rindió y llenó el corazón de Buenos Aires para agradecer a sus héroes.
Buenos Aires, 20 de julio de 2026 - MontevideoWebTV
El sueño se cortó con un tajo de realidad en el minuto 106. Ferrán Torres, con un gol que pesó como una losa, le arrebató a Argentina la corona mundialista y le entregó a España su segunda estrella. Pero en Buenos Aires, la noche del domingo no fue de luto, sino de un agradecimiento inmenso. Millones de argentinos, con la camiseta puesta y el orgullo intacto, desafiaron la derrota y convirtieron el Obelisco en un gigantesco escenario de gratitud.
El partido, disputado en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, fue un duelo de estilos y de resistencia. España, fiel a su escuela, dominó la posesión y el juego, pero se topó una y otra vez con la figura del Dibu Martínez, que con 11 atajadas sostuvo a la Albiceleste en el partido. Del otro lado, Argentina, con un Lionel Messi de 39 años disputando su sexto y último Mundial, llegó exhausta físicamente y apenas inquietó el arco español hasta el descuento del tiempo suplementario. La expulsión de Enzo Fernández en el alargue complicó aún más las cosas para la Albiceleste, que terminó el partido con diez jugadores.
El silbatazo final desató la alegría española y el dolor argentino. En el campo, Messi se retiró entre lágrimas. En las calles de Buenos Aires, sin embargo, comenzó a gestarse una respuesta diferente.
El Obelisco, una marea celeste y blanca
La avenida 9 de Julio, el pulmón de la ciudad, se tiñó de celeste y blanco. Pasadas las 19 horas, las inmediaciones del Obelisco comenzaron a llenarse de personas que, lejos de replegarse en la tristeza, salieron a la calle para honrar a su selección. Lo que parecía una concentración espontánea se transformó rápidamente en una multitudinaria fiesta. Según los reportes iniciales, cerca de 7 mil personas se congregaron alrededor del monumento porteño minutos después de que Rodri levantara la copa.
El Gobierno de la Ciudad iluminó el Obelisco con imágenes triunfantes del equipo: los recuerdos de la Copa América, el Mundial de Qatar, y las últimas victorias, hasta que finalmente una palabra lo cubrió todo: "gracias". Era el resumen perfecto de lo que generó esta generación en su gente.
"Me llena de orgullo que la gente, aún no ganando, salga a la calle. Es una señal muy buena que nos va a hacer mejor. La idea de que solo vale ganar se destierra", expresó el entrenador Lionel Scaloni en declaraciones a TyC Sports, visiblemente emocionado. "Es difícil hacerle entender a la gente la tristeza que siente, pero también se puede perder. Hemos tenido un proceso que es difícil que se vuelva a repetir", agregó el técnico, quien no confirmó su continuidad y estalló en lágrimas en la conferencia de prensa posterior.
Entre el agradecimiento y los incidentes
La jornada, sin embargo, no estuvo exenta de tensiones. Mientras la gran mayoría de los fanáticos acompañaba al equipo con aplausos y cánticos, un grupo minoritario de personas provocó incidentes, arrojando piedras y botellas contra las fuerzas de seguridad. La policía intervino con gases lacrimógenos y dejó al menos 15 detenidos. Los operativos de seguridad mantuvieron cortada la circulación en las principales arterias del centro porteño.
Más allá de estos episodios, la noche fue un reflejo de la compleja relación del argentino con el fútbol: la capacidad de sufrir una derrota y, al mismo tiempo, salir a la calle para celebrar el esfuerzo y el corazón de un equipo que, pese a no poder revalidar el título, dejó todo en la cancha.
El adiós de una era
El Mundial 2026 no solo fue el escenario de la consagración de España, sino también el punto final de una era dorada para Argentina. Scaloni dejó abierta la puerta a su salida y Messi, con 39 años, se despidió del torneo más importante del planeta entre lágrimas.
Pero en el Obelisco, bañado por la luz de la "gratitud", la noche fue un recordatorio de que, a veces, el subcampeonato también se festeja. Porque, como dijo el propio Scaloni, "ojalá sirva de ejemplo para el futuro". Y en las calles de Buenos Aires, el futuro se ve tan celeste y blanco como siempre.



