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El mar en disputa : miles de uruguayos se movilizan contra la exploración petrolera.
Montevideo, 4 de abril de 2026 — Una ola de indignación recorre la costa uruguaya. En los últimos meses, miles de ciudadanos se han volcado a las calles y playas para gritar un mensaje que ya resuena con fuerza: "El mar no se vende, el mar se defiende". La causa es la autorización gubernamental a cuatro empresas extranjeras para realizar prospecciones sísmicas en busca de petróleo en aguas uruguayas, una medida que organizaciones sociales y ambientalistas califican como un "ecocidio" y una amenaza existencial para el país.
El conflicto estalló con fuerza a finales de 2025. El 5 de diciembre, el Ministerio de Ambiente, liderado por Edgardo Ortuño, otorgó permisos a las empresas Searcher Geodata, CGG Services, APA Exploration y PGS para explorar una vasta extensión de 44.182 kilómetros cuadrados en busca de hidrocarburos. Para el gobierno, esta decisión, enmarcada en contratos firmados con ANCAP en administraciones anteriores, representa una oportunidad para avanzar hacia una mayor independencia energética. Sin embargo, para la ciudadanía organizada, fue la chispa que encendió una lucha transversal, extendida desde Montevideo a departamentos como Rocha, Maldonado y Colonia.
En el centro de la movilización se encuentra la Asamblea por un Mar Libre de Petroleras, un colectivo que en poco tiempo ha logrado articular a pescadores, sindicatos, académicos y vecinos. La principal preocupación radica en el método de exploración: la sísmica 3D. Esta técnica consiste en emitir potentes ondas sónicas, que pueden alcanzar más de 230 decibelios, mediante cañones de aire comprimido para mapear el fondo marino. Según un informe técnico presentado ante la justicia, este nivel de ruido submarino es catastrófico para la fauna local. "Puede provocar mortalidad en organismos microscópicos, daños auditivos en peces y alterar el comportamiento de cetáceos y tortugas, comprometiendo la sostenibilidad de las pesquerías", advierten los denunciantes.
La respuesta ciudadana no se ha limitado a los escritorios judiciales. Las manifestaciones han sido masivas y creativas. El pasado 6 de marzo, una marcha multitudinaria colmó la Plaza Independencia de Montevideo para dirigirse hacia la Torre Ejecutiva. Pero la lucha se ha extendido como una mancha de aceite por toda la costa. En Punta del Este, se realizó el "Segundo Abrazo al Mar", una conmovedora cadena humana en la que los manifestantes se tomaron de las manos en la playa en un gesto simbólico de defensa, al grito de que "la fauna se defiende". En varias jornadas, los activistas han logrado reunir más de 21.700 firmas exigiendo la nulidad de los contratos, argumentando que el gobierno "no tiene licencia social" para operar.
El malestar también es palpable entre los trabajadores de la pesca artesanal. Para ellos, el ruido sísmico no es un problema abstracto. Denuncian que las ondas submarinas ya están espantando a los cardúmenes, afectando directamente la captura de especies como la corvina y la pescadilla. La Asamblea ha sido clara al señalar que las empresas "no vienen a ofrecer nada que valga la pena para nuestro país, vienen a aprovechar lo que no les pertenece".
A pesar de la presión en las calles, el camino judicial parece estar cerrado. Un Tribunal de Apelaciones rechazó recientemente una acción de amparo presentada por la Institución Nacional de Derechos Humanos (INDDHH) para frenar los trabajos, mientras que la justicia civil se declaró incompetente en otras causas. Mientras la política y los tribunales debaten, los barcos de la empresa CGG Services ya están en marcha, realizando las prospecciones en el Océano Atlántico.
Para muchos uruguayos, la lucha trasciende lo económico. "No lo hacemos por interés ni por protagonismo: lo hacemos por conciencia", afirmó Mar Libre de Petroleras en una proclama. "Defender el lecho marino es defender la vida invisible que allí habita; es defender a las ballenas, peces, microorganismos". Con un nuevo gobierno en funciones, la tensión entre la promesa de desarrollo energético y la defensa de la soberanía ambiental se ha convertido en el primer gran dilema ético del país en el año 2026.
El proyecto, creado por Caleb Amado y Rolo Fernández, nació tras un viaje a Río de Janeiro donde se inspiraron en las populares "rodas de samba". Al regresar, decidieron fusionar ese formato participativo con el candombe, el ritmo afrodescendiente por excelencia de Uruguay. “Nosotros somos convidados del candombe”, explican sus fundadores, aclarando que su intención no es apropiarse del género, sino “darle luz”. Tras un breve paso por un bar local, la Intendencia de Montevideo trasladó el evento a la Plaza España, un espacio de gran carga simbólica, ya que en el siglo XVIII era el límite donde a los esclavos africanos se les permitía tocar sus tambores.
El auge del evento es tal que ha captado la atención de músicos internacionales. El cantautor y ganador del Oscar Jorge Drexler, quien ha calificado al candombe como un “trance, una herramienta espiritual”, ha incorporado a la Rueda de Candombe en tres temas de su más reciente álbum, Taracá, lanzado en marzo de 2026.
La convocatoria ha crecido de manera exponencial, llegando a presentarse en escenarios de gran envergadura como el ciclo VIVÍ CANELONES 2026 a lo largo del departamento de Canelones, o en exclusivos puntos turísticos como Punta del Este. Este 2026, el fenómeno incluso se ha integrado a la programación oficial de la Semana Criolla del Prado, demostrando su versatilidad y arraigo popular.
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